La primera temporada de The Crown, la nueva serie de Netflix que se estrenó el viernes pasado, sigue los primeros años del reinado de la Reina Elizabeth II. Creada por Peter Morgan, quien recibió una nominación a los Oscar por su trabajo en la película de Stephen Frears The Queen, The Crown se está imponiendo como la serie más fashionable del año.

Fuente: Netflix

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Escritos por Peter Morgan y producidos por Stephen Daldry, los 10 capítulos que componen la primera temporada de The Crown sirven de introducción a una serie que tiene planeado captar la vida de la Reina Elizabeth II a lo largo de 6 temporadas. Esta primera entrega nos presenta a la joven Reina Elizabeth II en los años 30 (interpretada por Claire Foy), su casamiento con el Príncipe Philip (Matt Smith) en 1947, y su iniciación al poder. Es el retrato de una joven princesa y sus relaciones tanto con su marido como con su hermana Margaret (Vanessa Kirby), pero, sobre todo, es el testimonio de una princesa que no está preparada para el cargo que se le entregará tras el fallecimiento de su amado padre, el Rey George VI (Jared Harris). De hecho, los primeros capítulos podrían servir de continuación a la prodigiosa película de Tom Hooper The King’s Speech. Sin embargo, a pesar de la importancia de los temas tratados en The Crown y de la espléndida actuación de Claire Foy, la moda es definitivamente la verdadera protagonista de la serie.

Hablamos de The Get Down como la serie más costosa de la historia de Netflix, pero, solo se han necesitado un par de meses para decir que The Crown lo es aún más, especialmente por su vestuario, del que se encargó la británica Michele Clapton. Clapton es ya muy conocida en el mundo de la televisión y, de hecho, ganó el Emmy a mejor diseñadora de vestuario para Games of Thrones, serie de la cual es también la encargada. La meticulosa atención al detalle, es evidente en The Crown, y, además, el genio reside en la decisión de Clapton de no copiar ninguna de las prendas de la Reina y de la Princesa Margaret. Clapton insiste en que el 95% del vestuario, tanto de Claire Foy como el de Vanessa Kirby, ha sido creado desde cero, prefiriendo inspirarse en la personalidad y esencia de cada una. El resto del vestuario se compone en su mayoría de piezas vintage de final de los años 40 y principios de los años 50.

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Clapton ha tenido que realizar un trabajo extenso de investigación histórica, particularmente a través de fotografías de la época. De hecho, una de las fuentes de inspiración más importantes para la elaboración del vestuario ha sido la propia colección de Clapton de ediciones vintage de Vogue. Las únicas prendas que sí son réplicas, son las que llevan las protagonistas durante los eventos, como el casamiento o la coronación de la Reina Elizabeth II. El vestido de novia, diseñado en 1947 por Norman Hartnell, encargado del vestuario de la familia real, ha tenido que ser reproducido al detalle. Esta pieza ha necesitado horas de trabajo solamente el velo llevó seis semanas para bordarlo. Con el vestido de la coronación, Clapton y su equipo han tenido más suerte: Swarovski ya había producido una réplica para una exposición. Donde Clapton no ha podido usar su imaginación sino mantener idénticas las piezas auténticas, ha sido con las joyas reales y adornos, que, hoy en día, la Reina Elizabeth II sigue usando.

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Es fascinante ver cómo, por medio del vestuario de Elizabeth, se refleja perfectamente su espíritu, y la dualidad entre tradición y modernidad. Desde los tonos pasteles, los rosas, y los lazos de su juventud, a la libertad de los días de Elizabeth en Malta, traducidos en sus gafas de sol y sus conjuntos de algodón, y bordados de flores. Clapton manda, a través del estilo de Elizabeth, mensajes sobre el estado psicológico de la Reina y hace palpable sus emociones.

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Otra inspiración clave de la diseñadora ha sido el estilo New Look introducido por Christian Dior. Es a través de la Princesa Margaret que Clapton pudo manifestar el ascenso de estas nuevas tendencias. Margaret viste una moda más arriesgada y femenina, con tonos más sofisticados como el morado y visón, además de la incorporación de estampados inspirados en el movimiento brutalista.

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La relación entre Elizabeth y Margaret es también evidente mediante la evolución de sus respectivos vestuarios. Al principio muy similares, se van separando, demostrando dos personalidades distintas: por un lado la Princesa Margaret, mucho más extrovertida y natural, y por otro lado la Reina Elizabeth II, que parece en la obligación de vestirse del uniforme dictado por su posición. Por ejemplo, los vestidos de Margaret son más ajustados a la cintura y se componen de una falda generosa. Al contrario, la Reina se hace más y más formal y adopta vestidos con estilos tradicionales en tonos azules y rosas. Por supuesto, este cambio refleja la realidad de la situación de la Reina y sus responsabilidades; es también una manera de imponer su poder tanto  frente a los retos que tiene que afrontar, como en contra de Winston Churchill (John Lithgow) y de los (hombres) políticos de la época. Es la introducción a lo que hoy en día describimos como el power dressing, un balance entre el lado femenino y la protección de una armadura.

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Clapton, que ya ha regresado al trabajo en la nueva temporada de Games of Thrones, ha sabido trascender la imagen clásica de las series sobre casas reales, y ha elevado The Crown a un nivel superior. Con la imaginación, un trabajo de creación impecable, y la atención a detalles íntimos y queridos de la Reina, Clapton se impone de nuevo como una de las diseñadoras de vestuarios más cautivadoras, y con razón. Además de una opulenta celebración de la moda, The Crown es una observación sutil de la familia, del poder, de la realeza, de la política y de los secretos que lo rodean todo. The Crown brilla por su belleza, su exquisitez y sus actuaciones. Después del fin de Downton Abbey, no podíamos esperar mejor sucesora.

The Crown se estrenó el 4 de Noviembre en Netflix.